Aunque he brindado en soledad, para que mis buenos deseos llegaran a los que en la distancia se encuentran. A pesar de haber lanzado mis propios rituales para traer buenos augurios a mis amigos. Aún habiendo acatado la máxima de comportarme con respeto a quienes me ofendieron o alojar como buen anfitrion a quienes no me faltaron en ningún momento... Deduzco que todo es como es. Sin que haya nada más. Sin que las creencias o los códigos puedan protegerme de lo que no comprendo. Sin que haya un algo más a lo que aferrarme como si de un clavo ardiendo se tratara.
He perdido muchas cosas a lo largo de la vida. Perdí la relación con amigos cercanos, por no saber perdonarlos y por defender mi forma de ser, libre. Perdí amores seguros, por anécdotas de aventuras y más de una batalla que condujo a derrotas que hirieron más que los golpes que en mi infancia recibí. Perdí el camino de retorno al hogar. Perdí la senda del destino. Perdí mi fe. Perdí mi orgullo. Perdí mi honor. Perdí mi infancia. Perdí la esperanza...
Perdí el enfoque que me ataba al suelo, mostrándome las cosas tal como eran... y cuando descubrí todo lo que había traído como regalo, traté de volver atrás... sabiendo que un error, en ocasiones, no tiene arreglo. Sabiendo que una dama, es algo más que una musa. Sabiendo que un amigo, es algo más que un compañero hecho a imagen y semejanza mía. Sabiendo que una verdad no siempre es tan pura como aparece...
He aprendido tanto y, a la vez, sé tan poco.
Ahora comprendo que cuando me enorgullecía de ser solitario, me estaba condenando a una existencia que suele acabar en un rincón, como un juguete olvidado, más que como un libre y viajero diente de león.
0 Graznidos:
Publicar un comentario en la entrada
Deja huella